martes, diciembre 23, 2008

Soy una mesa



En mi más de medio siglo de existencia, nunca había reparado en este hecho singular: soy una mesa.
Ignoro si ya existía esa condición previa o si la palabra pronunciada por esa mujer, como una maldición poderosa, provocó la transformación.
Desde ese momento fui un mueble más, sin voz ni presencia. Cuando me dirijo a quienes me rodean, soy ignorado, y supongo que hacen bien, pues ¿quien en su sano juicio habla con un mueble? Así que, en bien de su cordura, fingen no oírme y siguen de largo.
"Hay una mesa que debes atender", dijo una mesera a otra, refiriéndose a mí, pues habían pasado más de veinte minutos sin ser atendido en ese restaurante. Y así supe la verdad.
¿Por eso les llamarán meseras, por atender a mesas como yo?

No hay comentarios.: